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…Porque si bien tenemos siempre la sensación de que nuestra alma nos está cercando, no es que nos cerque como los muros de una cárcel inmóvil, sino que más bien nos sentimos como arrastrados con ella en un perpetuo impulso para sobrepasarla, para llegar al exterior, medio descorazonados, y oyendo siempre en torno nuestro esa idéntica sonoridad, que no es un eco de fuera, sino el resonar de una intima vibración. Queremos buscar en las cosas, que por eso nos son preciosas, el reflejo que sobre ellas lanza nuestra alma, y es grande nuestra decepción al ver que en la Naturaleza no tienen aquel encanto que en nuestro pensamiento les prestaba la proximidad de ciertas ideas; y muchas veces convertimos todas las fuerzas del alma en destrezas y esplendor, destinados a accionar sobre unos seres que sentimos perfectamente que están fuera de nosotros y que no alcanzaremos nunca…


Marcel Proust (En busca del tiempo perdido)

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